Muy
recientemente terminé de leer la obra Ecce
Homo del loco del coño de Nietzsche. Es mala, malísima, es el colmo de la
maldad hecha letras. ¿Existirá forma que me regresen el más de medio millón de
bolívares que me robaron por el libro? Ojalá esta nota sirva para ablandar el
corazón de los vendedores, y me devuelvan mi dinero, para ser mejor usado, como
en una hamburguesa. Definitivamente, cualquier cosa es mejor que leer a Nietzsche;
hasta la peor hamburguesa del centro de Maracaibo.
La obra
es corta, se diría: demasiado breve. En una noche la leí completa. Al llevar
las primeras diez páginas sabía que era mala; al leer quince, me resultó
insoportable. Terminé de leerla por sólo dos motivos: Si en algún momento de
esa perorata iba a tener sentido lo dicho; segundo, no me gusta ir dejando por
ahí tirados en la casa los libros que no me gustan. Temo, secretamente, que un
día logren ser tantos que logren sacarme de mi hogar y quedarse ellos en mi
cama, cuarto, sala y cocina, regocijándose en su inutilidad. Y yo, afuera como
un guebón, llevando verga.
Total,
que a medio libro –librillo más bien-, me di a la insoportable tarea de seguir
leyendo. Sabía que entre más rápido consumiera las letras, pronto terminaría mi
agonía y pudiera dedicar el tiempo a mi verdadera vocación, bueno son dos
vocaciones en un solo placer: dormir y comer.
Bueno,
ahora me toca explicar por qué carajos esa porquería no me gusta. Empecemos. Primero
el estilo es demasiado floripondio, grandilocuente es la palabra exacta. Repito:
el estilo es espantosamente grandilocuente, las frágiles ideas se disfrazan de
una formalidad tal que pareciera que el autor tuviera una rama de cadillo en el
culo. Las ínfulas de las palabras develan las locuras del autor. He leído
escritores que a lo largo de las líneas una va descubriendo el egotismo de
quien escribe, pero el tipejo éste no deja lugar para revelar, desde la primera
línea lanza su nauseabunda altivez.
El egotismo
de Nietzsche lo hace mal escritor, pues es muy dificultoso establecer alguna
complicidad entre lector y leído. El carajo se presenta como el dueño de la
verdad, la cual da a conocer, y uno es el pendejo que sentadito en el pupitre
debe aceptar todo lo que sale a través de su hedionda boca.
Yo no
sé si el tipo se creía todo lo que escribía, supongo que sí. En eso debe consistir
estar terriblemente loco: el creerse todas las pajuatadas que uno va
inventando. Sin embates ni reflexionarlo dos veces afirma que él es el único y
verdadero moralista, psicólogo y filósofo. O sea, el señor, con muy poca tinta
se caga encima de la cabeza de todo aquel que ha tomado la pluma antes que él.
De su bastón rompedor de testas se salvan si acaso cuatro o cinco pendejos. El ego
de Nietzsche lo hace el inventor de la ética, la psicología y la filosofía; o
sea ¡Ni Zeus en el Olimpo tiene tanto poder!
Por otro
lado, tiene una relación odio-amor con Wagner que eso se hubiera resuelto
espontáneamente con una soberana cogida. Que si lo ama, que si lo odia, que si
el otro pudo captar el sentido de la existencia; que si no, porque mezcló
lírica y melodía. O sea un mojón mental que a mitad de libro, quien era un
super pensador se convierte en un trapo que hay que pisar. A todas todas, se ve
que le traía sus ganitas a la mujer de Wagner, las tres veces que la nombra es
para elogiarla.
La mitad
del librito son páginas sin relación. La última mitad es una recopilación de
cortos comentarios de sus libros anteriores; por supuesto cargados de su grandiosidad.
El coño explica las razones por las cuales es tan sabio y escribe tan buenos
libros, reduciendo todo el análisis a tres motivos fundamentales: oponerse a
los valores de los filósofos anteriores, negar la existencia de Dios –por lo
cual toda moral emanda de él-; y, tercero, porque le dice a la gente que debe
ser superhombre, aristócrata, crear sus propios valores y otras pendejeras de
esas.
O sea
básicamente el carajo afirma que él es el más grande todos porque mandó a cagar
a Sócrates y Platón, porque negó a Dios y que es tarea del hombre hacer lo que
se le venga en ganas. Los tres motivos que sustentan su altivez son falsos de
toda falsedad –como diría mi abuela-.
Antes
que Nietzsche se había cuestionado suficientemente la filosofía griega y toda
tradición anterior. Es que parece tarea indispensable de todo filósofo decir
que los pendejos que estuvieron antes que él estaban equivocados y que solo él
da la verdad. Igual que cualquier verdulero o vendedor de condones. Vamos, si
ya Aristóteles andaba cagándosele en la testa a Platón, y apenas el plato
grande se petatió, él se encargó de negar el mundo de las ideas; bueno,
reconstruirlo como se le vino en ganas. Y es que ir hablando mal del anterior
ya era práctica en los llamados despectivamente presocráticos. Descartes habló
mal, hasta que se cansó de toda filosofía anterior; y Espinoza, Kant, Hegel.
En segundo
lugar, ateos, como ateos ha existido desde que Dios creó los planetas y los
universos. Si antes que surgiera la filosofía ya andaban una cuerdita de
pensadores indios predicando la materialidad de la existencia como única
característica de la vida. Luego, ahora es que vienen ateos buenos y famosos. Y
si no son ateos en el sentido duro de la palabra, niegan de la bondad de los
dioses. O dónde quedan Demócrito, Epicuro y Leucipo; no los veo dándose golpes
de pecho en un convento. Por cierto por ahí, justo antes que Nietzsche, y en su
propia tierra andaban unos ateos famosos dando guerra; por ahí uno que lo
llamaban el río de fuego, lo cual es
lo mismo a Feuerbach. El Feuerbach, con la publicación en 1841-un tantico antes
que naciera el loco mayor de Nietzsche- de La
Esencia del Cristianismo, sí les dio con todo a los cristianos que jamás
ponen en duda lo que sale de la boca de quien lidera la Iglesia. El río de fuego sí dejó a unos cuantos temblando
y pensando, escribió como loco, páginas que sí tenían sentido y coherencia. Imagino
que andaba en una de venganza porque al ser ateo no lo habían dejado
inscribirse en alguna carrera universitaria.
Para
refutar el último de los motivos por los cuales Nietzsche se andaba dando
pompas, me limito a decir que casi todos los filósofos, en mayor o menor grado,
pensando y escribiendo sobre el ser y hacer del hombre, han propuesto que el
hombre deseche su anteriores y bajas pasiones y se dedique a un mejor ser y
estar en el mundo. Bien que la ilustración había promulgado por un nuevo hombre
acorde las condiciones de vida que posee, en pleno uso de la razón, orientado a
un mejor futuro. Por lo menos los ilustradores soñaron, vanamente, con una sociedad
con abundancias materiales, donde reinara la justicia ya armonía. El loco de
Nietzsche carga una ensalada rusa en su cabeza con un superhombre haciendo casi
lo que se le viene en ganas, llevándose con los cachos a todo el que se le
atraviese.
Desmentidos
los tres motivos por los cuales Nietzsche se creí la pepa del queso, me asusto
al imaginar al super hombre que promueve. Por un lado el loquito anda diciendo
que el superhombre debe colocarse, darse a sí mismos sus valores. Por el otro
anda dando las mil y una regla de cómo debe ser el superhombre, todas
abstractas y etéreas, nada concreto. Que debe ser dueño de sí. ¡Como si fuera
fácil! Imagino que tiene que ver con la autarquía. Claro la autarquía que
sientes cuando vas a comprar pollo y te cuesta el kilo más de medio millón. Ahí,
en ese justo momento, te metes a través del orto tu autarquía y sales arrecho y
deprimido a comer plátano y arroz solo. Claro si encuentras el arroz y cargas
los cincuenta bolos que ya piden por un plátano. Si para lograr la tan querida
autarquía lo que hay que hacer es zamparse 2 mg de Alpram cada doce horas hasta
que uno se muera. No hay otra forma. O Si: ¡la lobotomía! Que si el super
hombre está por encima de la existencia. Y así, va dado puras recetas
abstractas. Algo así, el super hombre debe ser un hombre con el machete grande
enseñándoselo y zampándoselo a todo el mundo.
Ahora
mi inquietud no es el centimetraje de pene del superhombre. Mi verdadera
pregunta reside en cómo coño a estas alturas del partido, con todos los
millones de buenos escritores que ha parido la bendita tierra estén vendiendo y
comprando los libros de este coño. Yo caí por guebón, no hay otra explicación. Pero
Dios mío, que no haya nadie que diga la verdad sobre estos libro tan malo, que
se dé a la tarea de advertir, de indicar las malas letras. Confieso que he
leído unos cuantos libros de Nietzsche, y siempre me ha intrigado el no ver en
ellos al gran o buen pensador que la mayoría de los textos contemporáneos de
filosofós afirman. Es malo, pero malísimo.
No sé
si las casas editoriales han tomado por asalto las escuelas de filosofía, para
crear de estas máquinas de destrucción de neuronas para hacer compradores
compulsivos de la mierda que a ellos se les viene en capricho imprimir. O que
hoy, como siempre, no vemos lo que tenemos ante nuestros ojos. En toda escuela
de filosofía debería existir un cartelón que advierta sobre los estafadores del
pensamiento. Pero, presiento que son incapaces de eso: viven de ellos.
Se me
hace que la filosofía antes de Nietzsche fue nota a pie de página del Platón-
por ahí leí esa mamarrachada. Mas, sí creo que sea cierto que la filosofía del
siglo XX y XXI han sido comentarios extendidos sobre el pensamiento de
Nietzsche. Él previó dos siglos de nihilismo. Eso me asusta. Me aterra que el
sustituto de Dios sea un loco de estos. Si Dios ha muerto ¿Quién coño queda? Me quedo con mi Cristo colgado en la
pared y en mi pecho, con mi Biblia, que con las babosadas atorrantes de un
egotista masturbador.

"El carajo se presenta como el dueño de la verdad"
ResponderEliminarY él está ocupando éste mismo recurso (pero vulgarizado) para representar su verdad subjetiva.
En pocas palabras, un berrinche en un blog
No sabes leer, mejor dicho, si no puedes con el libro o con el escritor o con el filósofo, contempla el universo tal vez te llegue la luz analfabestia
ResponderEliminarAh, qué analfabestia. No gastaré más palabras. jajajaj
ResponderEliminarLo que hace la falta de cultura y educación. HAY QUE SABER INTERPRETAR LAS IDEAS ;)
ResponderEliminarMe gusta lo iconoclasta del comentario, que al menos no le jala bolas a Nietzsche como vienen haciendo pila de autores y pensadores de occidente (¡Hasta Heidegger! que vergüenza). Me gusta que no le rindes culto al montón de imbéciles que se dejan llevar por las peores modas: las intelectuales. Una moda de collares o vestidos no es nunca ni la décima parte de dañina que una moda de ideas y doctrinas, y si no, que lo digan todos los millones de muertos del siglo XX, llevados a su último destino no por diseñadores y modistos, sino por pensadores y los ejecutores hasta las máximas consecuencias de sus pensamientos. Dicho lo cual, te diría: Sin embargo, hay algunas cosas rescatables en Nietzsche. Él mismo era lo suficientemente iconoclasta para no rendir culto a una humildad que no suele ser tan sino una suerte de "auto-rebajamiento" disfrazado como humildad. La humildad no es eso. La humildad no es decir que no eres el mejor tenor del mundo si eres el mejor tenor del mundo. Si dices que eres el mejor tenor del mundo y eres el mejor tenor del mundo, entonces eres sincero. Y que le caiga mal a todos los camaradas revolucionarios volcados en el albañal de la historia por fin. Hay mucho valioso en Nietzsche además de su sinceridad. No es bueno juzgar un autor por solo una obra, y sobre todo esa, hecha justo antes de que el pobre hombre perdiera la razón. A pesar de todo, hay en esa obra buenas ideas. Desde luego, no me la llevaría a una isla desierta; prefiero mil veces llevarme "La montaña mágica" de Mann o las obras de varios humoristas. Quizá lo mejor sería llevarme -al estilo de Chesterton- un manual para construir un bote.
ResponderEliminarBuenas tardes Profesor Vivanco, muchísimas gracias por tomarse tiempo para leer y comentar mi nota, para mí es un honor saberme leído por usted. Su apreciación es punto de partida para el análisis y la reflexión.
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