Muy recientemente terminé de leer la obra Ecce Homo del loco del coño de Nietzsche. Es mala, malísima, es el colmo de la maldad hecha letras. ¿Existirá forma que me regresen el más de medio millón de bolívares que me robaron por el libro? Ojalá esta nota sirva para ablandar el corazón de los vendedores, y me devuelvan mi dinero, para ser mejor usado, como en una hamburguesa. Definitivamente, cualquier cosa es mejor que leer a Nietzsche; hasta la peor hamburguesa del centro de Maracaibo. La obra es corta, se diría: demasiado breve. En una noche la leí completa. Al llevar las primeras diez páginas sabía que era mala; al leer quince, me resultó insoportable. Terminé de leerla por sólo dos motivos: Si en algún momento de esa perorata iba a tener sentido lo dicho; segundo, no me gusta ir dejando por ahí tirados en la casa los libros que no me gustan. Temo, secretamente, que un día logren ser tantos que logren sacarme de mi hogar y quedarse ellos en mi cama, cuarto, sala y cocina, rego...
Por y para la literatura.