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Fernando Vallejo. Nadie da lo que no tiene

“Nadie da lo que no tiene”, frase citada constantemente por Fernando Vallejo en distintos libros y conferencias. Ciertamente, se me antoja que quien no tiene nada bueno que dar a otros es Vallejo. Hay dos posiciones rescatable de todas las peroratas de Vallejo es su amor incondicional hacia los animales; un amor que no cede, que no encuentra medias tintas, que no claudica. Junto a esto, la crítica incisiva hacia las prácticas de cristianismo. La denuncia que hace de los crímenes de los cristianos, amparando sus vicios bajo el amparo de una institución casi intocable. Todo lo demás es Vallejo es repetitivo, cansón, malo.

Vallejo, hacia los hombres no puede dar amor, porque no lo tiene. No puede dar buena literatura, porque no la tiene. No puede dar compasión, porque carece de ella.
Con muchísimo detenimiento leí “La Puta de Babilonia”, la obra logró captar toda mi atención. Me intrigó el autor y su obra. Comprobé en línea y libros de historia casi todas las citas criminales del libro. Buscando, encontré “El Desbarrancadero”. Libro, que aunque toca el tema doloroso de la muerte del hermano, genera hilaridad ante tanta hipérbole. Encantado con la obra de Vallejo, me propuse leerla por completo.

“Mi hermano el alcalde”, “Años de Indulgencia”, entre el tratado de la mitología científica, se sumaron a mis lecturas. Cuando, casi por casualidad, en la librería encontré “Los Días Azules” casi hago una fiesta. Con ansias los devoré. Mas, con la lectura de ésta, descubrí que existen no más de tres o cuatros temas en el autor que resultan recurrentes. Con un volver a decir lo mismo que comienza a hacerse cansón. Bueno, creo que me tardé demasiados libros en darme cuenta de eso. Que si Colombia es una cuna de asesinos y ladrones. Que si su mamá era una mala mujer y su abuela muy buena. Acepto que me encantó el pasaje –también repetitivo- del machete que va a cortar cabezas que sale completo en “Los Días Azules”. También, el encuentro de la mirada del viejo con la perra en el charco de agua al caminar, me pareció uno de los pasajes literarios más bellos que he leído.

Mas, lejos de esto, Vallejo se transfigura ante mis ojos, mucho más que un niño llorón, en un hombre malvado. No entiendo cuál es su denuncia ante el mal hacer de los seres humanos, si pasa más de la mitad de su obra fantaseando casi a las babas, en cómo matar a seres humanos. Que si venenos, que si la bomba atómica, que si cuchillo. Me resulta contradictorio que alguien que denuncia crímenes sueña con hacerlos. Eso es de personas desleales y desequilibradas. Se me antoja que Vallejo sólo puede ver en el otro la maldad que por dentro lleva, que sus maneras de señor refinado esconden a cualquiera de los que él denuncia.

Como en Venezuela la posibilidad de leer libros se está reduciendo a pasos agigantados, gracias a los malos gobiernos, la opción para los lectores es online. Constantemente revisaba si existía alguna forma de leer “Entre Fantasmas”, el libro que cierra el ciclo del El Río del Tiempo. Recientemente lo encontré ¿Para qué les dejo el link? A pesar de mis diferencias con el autor, empecé a leerlo. Quien para mí fue un muy buen autor se transfiguró en “tartufo” –y que me disculpe por robarle las palabritas, pero que yo sepa ésa palabra no está por él patentada, y las palabras a todos nos pertenece-. La lectura de “entre Fantasmas” me resultó fatigante, cansona, inaguantable.

Con mucho esfuerzo terminé el libro. Es lo peor que he leído. ¿Cómo se le ocurre ser tan racista? Vallejo es incapaz de superar sus múltiples limitaciones. Con insistencia afirma que Hitler fue un santo. Pienso en quienes murieron bajo el imperio de ése atormentado y siento pena de estar leyendo a Vallejo. Afirma que cuando ve a una negra o indígena embarazada le provoca golpearlas y sacarle sus hijos para matarlos. Jamás en mi vida pensé leer frase tan ruin y despreciable. Si Vallejo es guía moral de alguien, en este mundo cualquier cosa es posible. Entre otras patrañas, eso fue lo que más impactó mi razón y alma. Me sorprendió que Alfaguara publicara tan mala y fea obra. Si le dieron un Doctorado en letras a Vallejo, creo que el señor que me vende el periódico cada mañana merece uno, pues aporta muchísimo más que el autor de “Los Días Azules”. Bueno no, no vaya a ser que el señor se ofenda al ser equiparado con el autor.


Vallejo se jacta de ser buen autor, y no sabe escribir. No entretiene, no informa, no hace mejor ser humano a quien lo leer. Critica a los otros autores olvidando sus múltiples falencias. Ni Borges es bobo y Octavio Paz sí sabe, y bien que lo sabe, escribir. El pintor Cuevas me resbala. Vallejo nada aporta porque nada tiene, reconoce en el otro su propio rostro; horrorizado de sí mismo grita como criminal sorprendido. No te leo más. Te doy lo que mereces y añoras: olvido. 

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