A nuestro parecer, Heidegger critica justificadamente la
existencia moderna. Contempla la alienación ante los objetos como la simiente
de la vida inauténtica. En cierto sentido, Heidegger se encuentra con el
pensamiento marxista al identificar la alienación y enajenación que los objetos
ejercen sobre la conciencia. En Marx los objetos, entendidos como mercancías
dentro de un mercado totalitario; en Heidegger, como secuestradores de la
conciencia humana. En tal sentido, Heidegger indica que la base de una vida
inauténtica es el estar subsumido ante la obnubilación de los objetos sobre la
conciencia. Este velo causa que el hombre sea incapaz de vivir auténticamente,
en relación con su finitud.
Heidegger señala que el hombre es un ser no sólo arrojado
hacia afuera; también, se encuentra en relación con lo que lo rodea. El ser del
autor no sólo se encuentra eyectado hacia afuera; sino que se encuentra en
relación permanente e indisoluble con lo que lo rodea. En este sentido, el
hombre es posibilidad de ser en la manera que arroja su intención hacia el
mundo. El hombre es posibilidad de ser en la medida que se actualiza de manera
permanente. La libertad, así, consiste en la posibilidad de ser. Mas esta
posibilidad queda consumida en una única posibilidad que inhabilita a las otras posibilidades. En este caso esta
posibilidad es la muerte. La muerte es la posibilidad ineludible que cancela a
las otras posibilidades.
De la noción de muerte que posee el autor, posibilita su
concepto de vida auténtica. El hombre posee una existencia auténtica en la
medida que es consciente de su finitud, de estar viviendo hacia la muerte. Y,
es justamente, desde la certeza de saberse muriendo que es posible colocar las
bases de una vida auténtica. Así, el hombre contempla su vida con el desapego
hacia las pasiones; elabora una vida relacionada con el mundo, pero
consciente de su finitud.
Indudablemente Heidegger es ateo, por lo menos mantiene
un pensamiento que cancela y se opone a la tradición cristiana. Pues, de un
solo tajo elimina la posibilidad de vida tras la vida, y todas las nociones
fundamentales del cristianismo, como pecado, redención, salvación, entre otras
nociones que sustentan el pensamiento occidental. Su postura es altamente y
discutible y no susceptible a estar equivocada. Pues, sin mayores pruebas
cancela la existencia de Dios. Por lo menos como es entendido Dios en
occidente. Pienso que para cancelar la
existencia de otra manera de vivir tras esta manera, se necesitan pruebas mucho
más sólida que un no creer por no creer. Pues, el no creer por no creer, se
convierte en un creer sólo por creer. Siempre pensamiento dogmático.
Entonces, el punto de partida del pensamiento del autor
significa arrojarse al vacío, en cierto sentido “un salto de fe” a la manera de
Kierkegaard; pero, a una manera inversa, un no creer por un simple no creer. Y
como todo salto de fe, le faltan basamentos sólidos. Por otro lado, todo hombre
sabe que va a morir; por lo menos, entiende que el morir significa un abandonar
de las condiciones de existencia vivida por el momento. Me parece que Heidegger
se equivoca al pensar que el asumir la muerte como hecho cierto y justificar
sobre esta nuestra existencia, nos convierte automáticamente, casi por arte de
magia, en seres auténticos. Esto, indudablemente, sí es un verdadero salto de
fe, pero hacia el absurdo.
Si en el Medioevo se discutió seriamente sobre el sexo de
los ángeles, y su vinculación de esto con la existencia humana. Si hoy, muchos
critican estas discusiones denominándolas absurdas. Creo que existe un tanto de
absurdidad en pensar que el saberse un ser para la muerte puede convertirnos en
viviente auténticos. Creo que en esto hay mucho de pensamiento mágico. Por otro
lado, para el autor el ser auténtico posee una vida relacionada con otros, pero
ya al saberse estar muriendo; entonces ahora sí puede relacionarse de manera
auténtica con su otredad. Y, el hombre auténtico a la manera de la aspiración
estoica, está en el mundo pero separado de la angustia que las circunstancias
mundanas pueden crear, pues el hombre se sabe estarse muriendo.
No sé si el autor tuvo la pericia de identificar su forma
de vivir como hombre auténtico con la ataraxia y autarquía defendida por los
estoicos. No sé si pudo darse cuenta que estas maneras de autogobierno alejado
de las pasiones mundanas es una utopía; pues, el hombre es un ser que siente, y
porque siente es, justamente, un ser de pasiones. Y, privar al hombre de sus
pasiones es privarlo de ser hombre. No es alejándonos de lo que nos hace
humanos, que nos convertiremos en “más humanos”. No es queriendo convertir a
los hombres en ángeles que estos se convierten en humanos.
Comparto con el pensador su crítica a la manera como se
asume la técnica en la modernidad. Indudablemente, asumir al mundo como un
terreno de pura utilidad para los fines particulares; es desnaturalizar la vida
en su totalidad. Mas, alejado estoy de la crítica que hace de Platón; pues, de
un autor ni de un pequeño grupo de ellos no se deriva la actitud hacia el ser,
que pueda haber originado los síntomas de barbarie contemplados en la
modernidad. Eso es, hacer una verdadera cacería de brujas.
Por otro lado, no comprendo muy bien por qué el autor
indica que la ciencia y la filosofía es incapaz de captar el ser a través del
empleo del lenguaje. Que ésta tarea es sólo capital de la poesía. Nadie niega
que la poesía, como toda forma de arte, es una loable manera de aprender al
ser. Mas, cancelar otras formas y posibilidades de pensamiento corresponde a un
dogmatismo a ultranza.
Así, la vida auténtica derivada de un ser que se sabe
existiendo hacia la muerte me parece una entelequia mayor que determinar el
sexo de los ángeles. Indudablemente, es rescatable la exigencia de libertad de
la existencia y hacerse responsable de la libertad. Sin embargo, esta libertad
responsable que se asume en permanente construcción, en un permanente
realizarse; debe asumirse desde la certeza de saberse vivo junto a otros que
viven. Pienso que lo que le falta a la filosofía occidental es, justamente, la
condición de vida junto a otros. Y desde este saberse lleno de posibilidades el
construir espacio comunes junto a otro, que es irreductiblemente un sí mismo
permanente.
No voy a tratar sobre la relación de Heidegger con el
nazismo ni reprocharles culpas contra su comportamiento hacia Husserl. No es el lugar ni la ocasión. Además,
se han escrito demasiado sobre el tema, muchas veces sacrificando la crítica
filosófica hacia el autor. Por otro lado, acabo de cenar y no quiero una
indigestión.



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