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Sócrates, el Sofista

Cuando leí sobre el pensamiento filosófico de Sócrates, la duda sobre si él había sido un sofista me embargaba constantemente. Estoy seguro que la interrogante no se puede responder con un sí o un no categórico. Sócrates presenta elementos que lo acerca considerablemente al sofismo como movimiento filosófico alternativo a la filosofía tradicional griega; pero, a la vez, no son pocos los elementos que lo distancian de los sofistas.

Entre los elementos comunes con los sofistas; se pueden mencionar, rompe con la tradición de la filosofía, al colocar al hombre y su hacer en el mundo en el centro de la discusión filosófica. Sócrates no pertenece a una escuela determinada de pensamiento, sin embates se puede decir que él en sí es una escuela filosófica. Se aleja de las disertaciones y abstracciones cosmológicas de la filosofía, e intenta fundar el pensamiento desde la praxis concreta del hombre en conjunto. Aunque aboga por encontrar las verdades existentes dentro del ser, afirma la mayéutica como medio idóneo para encontrar estas realidades. Y, la mayéutica como método de conocimiento, necesita del otro como vehículo de discernimiento irreductible.

En la mayéutica se considera el debate y el cuestionamiento como elementos necesarios; desde éstas busca acceder a las realidades del mundo. Junto con los sofistas aboga por una filosofía desde la discusión, desde la interrogación, desde la calle. Mas, a su vez, la mayéutica como método epistemológico aleja a Sócrates considerablemente de los sofistas.

Contrario a la mayoría de los sofistas, Sócrates está convencido que la verdad existe, y esta verdad le es aprehensible al hombre. Sócrates está lejos de ser un escéptico o un relativista; como lo fueron no pocos sofistas. Creía firmemente en la existencia de verdades preestablecidas, existentes independientemente del hacer humano. Por lo cual, existe un hacer correcto y un hacer incorrecto; y, es abogando por la aprehensión del hacer, conocer y opinar correctamente que Sócrates, determina la mayéutica como el método adecuado para lograr el correcto vivir del hombre en sociedad.

El correcto vivir, tendrá como consecuencia necesaria la felicidad. Así, la felicidad humana se convierte en la finalidad específica y necesaria de la praxis. Esta felicidad se relaciona con la práctica de la virtud; en consecuencia, la virtud es obrar de forma correcta, de manera cónsona con las realidades, las verdades universales. De esta manera, el Sócrates, la epistemología y la ética, como pretensión se felicidad, se conjugan sobre la certeza de la existencia de la verdad, y la mayéutica como la manera adecuada de lograr visualizar la verdad.

Los detractores de Sócrates, al igual que los detractores de los sofistas, identifican en él a un ser diferente, alterno, no igual al modo de ser y hacer filosofía de la tradición griega, una tradición marcadamente aristocrática. Al hacer del hombre el centro de la filosofía, al hacer de la acción del hombre en el mundo el centro de las preocupaciones. Sin embargo, son incapaces de percibir que Sócrates a diferencia de los sofistas y aproximándose a la tradición filosófica griega, cree firmemente en la existencia de la verdad, de la existencia de un método para lograr percibir la verdad, y la manera de un correcto hacer.


Mas, la personalidad de Sócrates, descrita en la Apología de Sócrates redactada por Platón, dista considerablemente de ser sumisa, doblegada por algún interés o el recibimiento de un beneficio o conveniencia. La actitud de Sócrates frente a la vida, lo convierte en el paladín de la moral sobre las convenciones humanas. Sócrates no pide clemencia; al contrario, su rectitud indoblegable le acarrea no pocos enemigos, rivales y detractores; hasta provocarle la muerte. Entre sus detractores se cuenta el poeta Aristófanes, que al componer Las Nubes obliga a los filósofos de la posteridad preguntarse sobre la pertinencia de calificar a Sócrates como sofista. 

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