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Breve Nota sobre la Meditaciones Metafísicas de Descartes.

Para nuestro entender Descartes en las meditaciones no sólo realiza una obra filosófica, en cuanto análisis general de la realidad; también, metafísica, por ser una investigación que pretende identificar los principios que operan sobre la existencia. Para lo cual se vale del pensamiento aplicado sobre la realidad; permitiendo que el pensamiento, sobre la base de lo sentido, inicio una serie de inferencias que permitan dilucidar realidades aplicables en la existencia.

Es, precisamente, sobre la indagación sobre los principios de la existencia, que Descarte logra la certeza de la propia existencia. El autor parte desde una perspectiva raramente empleada por pensadores occidentales, desde la perspectiva del propio error. El autor posee la humildad necesaria de dudar de todo lo conocido y comunicar a otros su duda. La duda, es tan importante que en el autor se convierte en basamento de todo proceso de indagación.

Esta humildad, le permite repreguntar sobre lo sabido, haciendo una suspensión del juicio, hasta que considere que los principios hayan quedado suficientemente estudiados. Sin desdeñar los conocimientos arrojados por los sentidos, tras el contacto de los fenómenos físicos, inquiere sobre el conocimiento más verdadero, el irrefutable. En sus reflexiones vislumbra que siempre hay alguien que siente, que piensa, que reflexiona; ese alguien, debe tener existencia. Pues, aunque se equivoque en el sentir y reflexionar, siempre existe alguien que cree reflexionar y sentir. Ese alguien es la propia existencia, el yo, el alma para el autor.

Descartes parte de la existencia de Dios, esa existencia es la que hace posible la existencia del alma; es la que no permite que algún “genio del mal” sea capaz de torcer lo sentido hasta vivir en total irrealidad. Porque Dios existe, yo existo, y en cuanto existo me es posible conocer. Sobre la certeza de la propia existencia, el autor inicia una serie de inferencias que le permitirán adquirir mayor conocimiento. Cumple así, con el propósito inicial de determinar un conocimiento que sea incuestionable y sobre éste conocer más; este conocimiento es el conocimiento del yo.

Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo por el pensamiento que Descartes realiza en sus meditaciones; mas, es poco probable no coincidir en la inteligencia mostrada por el autor, la facilidad de comunicación, y la habilidad de integrar el conocimiento de la física con la reflexión metafísica; de una manera no enrevesada. Posee la capacidad de conducir al lector en sus diversas reflexiones, evitando dar verdades preelaboradas; donde el lector es sólo un consumidor inactivo. Y, en medio de sus reflexiones invita al lector a suspender el juicio e iniciar las propias reflexiones, desde un yo que siente y piensa el mundo.


Porque entender el mundo es la mayor de las capacidades del alma. De hecho, para el autor se es porque se entiende. El cuerpo puede percibir, pero quien entiende es el yo; que más que comer, caminar, sudar, tomar agua, posee como cualidad distintiva el entendimiento.  Sin embargo, no debemos perder de vista ante Descartes, que la propia certeza del yo no debe invariablemente derivar en la certeza axiomática de las inferencias realizadas sobre esta certeza. Pues, sería extremadamente dogmático concebir que todo lo conocido desde la certeza de la propia existencia es conocimiento valido; por tanto, incuestionable. 

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