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Mis Tres novias o Sobre la Belleza


Tuve tres novias, una más fea que la otra; triple feas, doble feas, simplemente feas, atípicamente feas: horrendas. Todas eran tan, pero tan feas que fue necesario alejarme de cada una de ella más de un año para darme cuenta lo feas refeas que eran. Son tan feas, las pobres aún viven, que tengo un programa instalado en mis redes sociales que la identifican como virus de transmisión sexual, cada vez que solicitan mi amistad.

Lo increíblemente raro, rarísimo, de todo esto, que el mucho o poco tiempo que pasé junto a ellas, me parecieron hermosísimas, bellísimas, espléndidas. De la primera he de decir, que es gordísisima, aguada, todo le chorrea y cae, tiene el pelo como un incendio en acción, tiene la boca simple y recta; más que una boca, parece una línea de marcador. Los senos le caen hasta la cintura. Tiene un culo deforme, con todo tipo de oquedades, estrías y demás defectos. Cuando me la fornicaba, yo; el tonto, pensaba que estaba algo así como con Diosita Canales.

La segunda, ¡Dios, es que me cuesta determinar cuál es la más fea! La segunda es insípida como pasarle la lengua a la pared. Es blanca pálida, se parece al carajito ese que se dio un coñazo y terminó en fantasma todo blanquito: Gasparin. Tiene un culo más que aguao. En lugar de tetas, arrastra dos protuberancias con muñón. Sus senos son extraños porque parecen el timbre de una casa; pero, en lugar de estar fuerte, centrado, preciso y determinado; no, chorrean a cántaros. Los recuerdo y se me parecen a la lluvia. De la personalidad ni hablar. Era tan pero tan, pero tan simple que sólo hablaba de la marca del teléfono y el pantalón. Y pensar que cuando estuve con ella pensé que estaba con alguna diosa griega: Atenea, Afrodita, o alguna vaina grande de esas.

La tercera, ¡Ha, la tercera! Especialmente fea. Creo, que con la distancia que el tiempo y mi mala memoria me dan, es la más fea de todas. Fue la culpable de mi primera y única enfermedad venérea. Afortunadamente esa que se quita con tres inyecciones de benzetacil; las cuales duelen un horror. Más vieja que Noé, seguro estoy que iba camuflada en la barca, seguro que se da topando años con Dorian Gray. Bruta, pero brutísima de las buenas. Aún no sabe cuánto es dos más dos, y pa que sepan: tiene título de ingeniera. A punta de años y sacrificio lo logró. Queda demostrado científicamente que cualquier vaina es posible. Nada, y cuando estaba con ella, imaginaba alguna princesa etíope antigua. O sea, la propia estatua de Ébano. Bicha pa fea.

A mí mamá como que me ha dado demasiado poco amor, o me dejó caer de chiquito, que he tenido que verme disminuido moral y físicamente con conformarme con cualquier vaina que iba consiguiendo. Nada, por ahí dice el dicho: “El que coje fea coje más”. Pero por todos los santos: yo juraba que me estaba tirando a Norkys Batista o Rosita Jiménez.

En estos días me está mandando mensajes, la segunda de las feas ¡Dios me libre de tanta desgracia! Prefiero que se queden los chavistas en el poder a volver con ella, así nos terminemos de joder todos. Lo que me interesa de mis tres locas y feas, no es que sean tan feas. Ni modo, todos tenemos derecho a ser feos, y yo ejerzo mi derecho con mucha eficiencia y eficacia. Eso no me importa. Lo que realmente capta mi atención es cómo carajos cuando anduve con ellas las veía cuasi serafines y hoy me resultan tan feas. De esto infiero que la estética tiene una sola verdad: “Todo es según el crista que se mire”. Y he escuchado la frase mil millones de veces, de tanto escucharla se me hizo un callo en el oído, y por más que lo repiten, yo ni por enterao me daba. Pero sí, mis tres feas me hicieron comprender qué razón tiene ese dicho popular. Están viendo ¡En la sabiduría del pueblo está la voluntad y palabra de Dios!

Entonces, si todo es según el cristal que se vea, lo que hoy se presenta como arte contemporáneo es arte, con todos los permisos aprobados. Se me hace un tanto ufano pensar que sólo es arte lo hecho por Rembrandt o Velásquez. Vamos, si los clásicos también eran expertos en romper las reglas. Quién coño ha visto un Rembrandt que sea una copia fiel y exacta de la realidad. Ninguna obra de él, ni de Goya, ni de nadie es copia de la realidad. Representaciones files de la realidad sólo puede hacerlo una cámara fotográfica, y los hombres distamos demasiado de ser máquinas para fotocopiar o imprimir la realidad.

Los hombres poseemos alma, eso nos distingue de las cosas. Las cámaras reproducen la realidad, casi que a la perfección ¿Dónde está el alma de las máquinas? En ninguna parte. Como el hombre posee alma le es dado por capricho sentir y pensar al mundo, por lo cual jamás copiaremos exactamente la realidad ¿Y para qué? Sería extremadamente aburrido el arte siendo calca de las impresiones que nos rodean. Y aún así, quien toma la foto es un hombre, al escoger los colores de la foto, el ángulo, la perspectiva, Ahí siempre hay un alma que grita. Por lo cual, me resultan muy interesantes las muestras fotográficas, trato de descubrir los escollos y escozores de quien toma las fotografías.

Me resulta algo muy tonto y babiecas quienes afirman que en el arte contemporáneo no hay normas ¿Para qué las normas? Acaso debemos encerrar nuestra alma dentro de las reglas. A ver, en ciencias hay que hacerlo todo según el procedimiento, al redactar hay que seguir unas normas de redacción básica para acomodar los párrafos, en filosofía se aprende a pensar según la voz del otro -claro, la falsa filosofía-. Nos devaluaron a Dios, ahora nos prometen salvación tras el diezmo y la asistencia a misa dominical; quedando Dios fuera de la exigencia y capricho del líder religioso. Entonces dónde coño el ser humano posee libertad: En el arte. Por lo menos debemos dejar ese espacio para gritar lo que somos y como vemos el mundo. Caso contrario, creo que estaríamos frente a una sociedad neurótica.  

Al fin y al cabo ¿Qué es una obra de arte? Un medio que comunica un alma con otras. Sólo eso. Y como de encuentros de alma se trata, resulta algo así como el sexo; de inconveniencia sólo con los involucrados, donde toda voz ajena sobra.

Se quejan de las muestras artísticas donde se exponen heces. Pues, ni modo, al tipo le dio la realísima gana de mostrar sus excrecencias; mientras hay alguien que esté dispuesto a verlas, hay alguien que está dispuesto a enseñarlas. Eso se respeta. Como el sexo: si hay alguien que desea dar hay quien quiere recibir.

Entonces qué es lo feo y qué lo bonito. No lo sé. Puedo decir lo que para mí es feo o bonito. Feo es maltratar un animal. Feo es pegarle a un niño o a la mujer. Feo es, no sé qué, causarle daño a otro. Pero esos son problemas éticos y políticos. Pero también son problemas estéticos. Comprendo dónde la ética se relaciona con la política y la estética. El hombre al vivir siempre, permanentemente está haciendo la estética de la vida: separa lo que le agrada a lo que no. Y si a mí me gusta dormir doce horas diarias hay quien duerme cuatro, y con todas las consecuencias que involucra el dormir determinadas horas cada día, en esa elección se está haciendo una estética de la vida. Entonces, básicamente vivir es escoger estéticamente los modos de vida. Y quién carajos tiene la voluntad de decir cuántas horas es debido dormir cada día. A sí claro, los políticos. Los políticos cuando desean imponer las propias limitaciones cerebrales. En estética debemos negar las imposiciones, por lo menos creo que es muy sano que los hombres tengamos un jardín donde disfrutar libremente la voluntad, ese es el arte.

La estética como parte de la vida nos hace saber si es conveniente o no cada decisión, pues nuestra vida es siempre una vida compartida. En el arte poco deben importar la vos de los organizadores de la sociedad. El espacio artístico debe erigirse como bastión de la libertad.

Me he enterao que mis novias han tenido otros maridos después de mí. Pues ni modo, cada quien es libre de cogerse la fea que quiera y guste. El arte es así, cada quine es libre de disfruta lo que quiera.

Adoro a Alberto Giacometti, esas figuras retorcidas, vacilantes, enclenque a las cuales les cuesta dar un paso, logran robarme el sueño y hacer que mi alma baile. Existirá quien aborrezca esas pequeñas figuras. Y cuál de los dos posee la verdad. Ninguno de los dos. Las figuras de Giacometti en el fondo son tan sublimes como vulgares. La magia en el arte está que cada quien decide donde baila su alma. Que a otros les guste el escultor, me tiene sin cuidao. Más, lo que sí me preocupa es que vengan unos sabelotodo a decir si es o no aceptable el arte de mi escultor favorito.

Me gusta  Kokoschka pero detesto a Kandinsky. A pesar de la proximidad de los dos artistas, uno me resulta enormemente agradable, el otro no. Me gusta Basquiat, me es intolerable Warhol; a pesar que compartieron pincel hay algo en el alma de Basquiat que me atrae mientras que el otro me repugna. ¿Y quién dice si es bueno o no Basquiat o Warhol? Que viva con su falta quien se atreva. Solo me es dado decir quién me resulta agradable y quién no.

Que la gente quiere pintar en un grano de arroz, pues que lo haga. Que pinta con café y chimó en lugar de óleo, que lo disfrute. Que se le venden a montón, me alegra. Que venga un pendejo a decir que eso no es arte, o que es arte degradado, que se vaya a la mierda. Yo con miarte tengo. 

Es que si vamos por la vida imponiendo normas de conducta, de vida, de hacer, vamos matando la libertad y al hombre. Vamos, ya los sabelotodo secuestraron a la filosofía, nos dijeron a quienes se leen y qué se piensa; patentaron una carrera universitaria y viven convencidísimos que ellos hacen filosofía porque leen a una decena de autores y hacen como los gusanos que comen sólo del pequeño y limitado pedazo de carne hasta más allá del hueso, dejando por fuera otros cuerpos y otras carnes. Ya jodieron la ciencia, se basan en un solo procedimiento normado para acercarse a la realidad, como si ella cupiera en los límites estrechos de un laboratorio; aborrecen otras formas de conocer y ver al mundo, como el arte y la religión, quedando grandes trozos de realidad fuera de su haber. Por eso la ciencia siempre es sólo la visión de un miope, la explicación de un espacio donde se desdeñan todo los otros lugares. Ya fregaron la tecnología, dictaminado qué y cómo se consume. Es hora de decretar el arte como el terreno propio de la libertad.

Que alguien dibuja, pinta y esculpe siguiendo normas y medidas,  pues que lo haga, que lo disfrute, es ejercicio sano de su libertad hacerlo. Pero, quien desprecia esas reglas y pone un punto azul en una hoja como única expresión de su inspiración; que también lo haga, es su libertad hacerlo o no. Más quien dibuja queriendo universalizar al Hombre de Vitrubio como exclusiva interpretación del hombre; que quien dibuja ocho veces el tamaño de la cara al dibujar el muslo pretenda que es esa la única forma de dibujar, y desee que sea la forma de hacerlo de todos: que se vayan a freír espárragos. En arte se deben excluir las verdades de aplicación universal. Claro, que no promulgo que esta pretensión se aplique a todos los órdenes de la vida. En política y ética valen las normas; la que nos damos en conjunto; pero, ese es otro terreno diferente y diverso a las maneras de dibujar la figura humana. Al fin y al cabo qué es el arte, lo que yo creo que sea; y qué es lo bello: lo que me agrada. Insisto lo que para mí, que no involucra un para otro. En arte el egoísmo sensitivo segrega lo bello de lo feo; diferencia al arte de una simple y mera cosa.


A mis novias las quise mucho, hoy me ahorraría un fuerte dolor de estómago no volverlas a ver. Me preparo a colocar una figurilla retorcida de Giacometti como protector de pantalla. Voy a disfrutar enormemente ver al hombre que le cuesta caminar mientras se pone en funcionamiento todos los programas de mi vieja y obsoleta computadora. Me pregunto si algún día las figuras del escultor me produzcan el mismo rechazo que hoy lo hacen mis novias. Tal vez, es probable que ocurra. Mientras sucede disfruto al caminante encorvado. Tal vez mañana me guste más Kandinsky. Por lo menos estoy casi seguro que por más que veas un Kandinsky no adquieres una venérea

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