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Lo siento por ti Nietzsche: sí hay moral implícita en la vida.

Fiódor Dostoyevski nos advierte en Los Hermanos Karamazov -1880- “Si Dios no existe, todo está permitido”. Colocándonos en el lugar del pensador ruso, comprensiblemente el horror salta al anular a Dios como entidad capaz de fundar el buen hacer en el hombre. Kant insiste en que Dios es el ser necesario e irreductible que da al hombre la moral; esto, constituye en sí mismo como la única prueba ineludible de su existencia.
Si Dios no existe, es urgente interrogar dónde le es posible al hombre establecer las normas que correctamente deben regir a la sociedad. Si sólo el acuerdo y el consenso entre los hombres es la entidad validada para establecer el marco jurídico social, nada impide que crímenes horrendos sean cometidos cimentados sobre la infalibilidad de los acuerdos. El asesinato de ancianos, la quema de mujeres o la violación de niños, se convierte en aceptables y legales si sólo la mayoría así lo acuerda. Afortunadamente, los existencialistas; y, pienso que los ateos en general, no dejan a la sociedad en tal grado de indefensión.
La mayoría de los ateos existencialistas, entre ellos Sartre y Albert Camus, concuerdan en que el hombre es un ser que posee dignidad. Esa dignidad es  suficiente para servir de base para establecer las leyes sociales. En este sentido, el derecho a la vida, a la paz, a la sana alimentación, a no ser sometido a torturas y menosprecios son derechos intrínsecos a la condición huma


na. Desde esta realidad, los acuerdos humanos, si quieren ser útiles al buen vivir deben ser cónsonos con el haber moral implícito en la existencia humana. A su vez, estamos capacitados del sentido común que nos permite conocer el haber humano, saber distinguir lo digno de los indigno.
Como ejemplo: Ante un niño que llora al ser maltratado, el sentido común nos grita que la dignidad de ese ser está siendo vulnerada. Más allá, la condición de todos los seres humanos está siendo quebrada ante ese solo hecho. Por lo cual, sabemos que debe ser evitado a toda costa. También, la violación transgrede el derecho a la libertad; pues, los actos sexuales deben ser consensuados por quienes los realizan.
Por lo cual, los existencialistas ateos, promulgan la dignidad contenida en la vida, como la base inalienable para mesurar las normas sociales. A los hombres les es posible acordar sus modos de vida; mas, esos modos no deben vulnerar los derechos dados por la dignidad contenida en el haber humano. Esto, no sólo se limita a la vida humana. Mucho más allá, todo ser vivo tiene derechos y exige respeto a ellos, por el sólo hecho de estar vivo. Por esto, no es de extrañar de múltiples movimientos conservacionistas y defensores de los derechos de los animales empleen la dignidad contenida en la condición de vida, con la finalidad de promulgar y defender sus propuestas.

La moral no es relativa. Un golpe, un arañazo, un apretón, una violación, torcer miembros del cuerpo, fracturas un miembro, entre otras bajezas, son condenables porque atentan contra la vida, contra la dignidad del ser que vive. Por lo cual es condenable. Mucho más allá de la existencia o no de Dios, de quién o qué establece el cómo vivir, los seres humanos sabemos que un golpe es un golpe, y que los golpes duelen, ofenden, hieren y degradan nuestra condición; en consecuencia, deben proscribirse de nuestro existir como seres que necesariamente se encuentran en sociedad. 

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